A[co]gotados

Volvemos a casa exánimes, sin energía, dirigidos por un soplo vital que ni nos infla ni menos nos inflama, que nos empuja como el viento arrastra las hojas blancas y sucias de los anuncios urgentes de “Compro Piso. Llámeme” o los pedazos de un boleto de lotería sin premio…

Llegamos al hogar, como renqueantes zombis de mente anulada, como presas lívidas y torpes de vampiros corporativos, víctimas del engaño del tiempo que nos vendieron los hombres grises, desvalijados de tantas horas y de tanta luz, días y horas entregados a voluntad a una sociedad que los devora sin intención de devolverlos ni tan siquiera regurgitados...

El sol brilla más y mejor desde el lado interior de la oficina de la ventana, o a través del ventanuco de la fábrica… los fines de semana son grises, o luminosos, qué más da… el descanso es necesario… no hay que sentirse mal, ya lo dice la prensa de conciencias: “No salir de casa en todo el fin de semana rebaja la ansiedad e ilumina la mente”...

Y fuera el ruido, el ruido, el ruido,... en casa, a través de las paredes, apaciguados por los muros, como lamentos de un pozo, nos llegan algunos gritos del exterior… la medianía de los medios los describen sin entereza, completamente totalitaristas, adscritos al discurso absolutista único, infectando no sólo la televisión, sino propagándose como glioblastoma por las redes...

Grafiti del artista JR de un puño pintado sobre una torre de contenedores portuarios

Nos sentimos débiles, queremos que nos dejen en paz… ¿Para qué?... Si lo que queríamos hacer nos exige demasiado… hay que refugiarse en acciones más sencillas, más nimias, cada vez más pequeños, más menguados... la intelectualidad indignada crece frente al auge de los fast-food, pero ninguno se enfurece con la falta de efectivo y de minutos para alimentarse...

Rechazamos la agitación en las calles pero no la inmovilización de nuestros salarios… queremos ahorrarnos tener que pensar consignas, o caminar, o levantar el puño, o sentarnos en una incómoda plaza de cemento… nos convertimos así en consumidores consumidos, agotados y acogotados, timoratos de una timocracia piafante...

Y aunque nadie es inocente, hay unos culpables… Está quien comete el fatídico error de dar la espalda al movimiento social, quien comete la estupidez de pensar que eso no va con él, quien cree que todo semejante exigiendo más que él es codicioso, sin ver que en la cúspide de la estafa piramidal demográfica no le espera una jubilación sino un plan de pensiones bancario pagado por sí mismo...

Los ciegos, o los cegados, apenas pueden sopesar lo que les viene encima… pero aunque agravante, son consecuencia del problema… el motor, ya está dicho, por Ende, son los hombres grises, quienes disponen de todo el tiempo y dinero del mundo (literalmente) y lo encierran en sus paradisíacas cajas fuertes y en sus discos duros fumigados con extintores...

Hay una carroña que se cree decente, por utilizar sus términos, y justifican la injusticia de sus actos a base de ajusticiamientos injustificables, pensando que el orden nunca desordenará sus vidas, porque están del lado bueno del río donde crecen los billetes más verdes, donde su bucólica vida y su falta de empatía pacen felizmente con serenidad y regalías…

Pero llegará el día en que empiece una sequía sin fin y la corriente deje de nutrir la tierra… Entonces, deberán rezarle a sus vírgenes por que la ciencia haya por fin llegado a Marte, pues no habrá ni una gota para ellos… enfrente, sólo habrá una inabarcable montaña de babosas inmóviles, sin fuerzas para ponerse en pie...

ni tan siquiera para arrastrarse...

Foto de grafiti que dice: "Amancio Ortega es un currante, los estibadores unos privilegiados y tú, de clase media"